domingo, 11 de diciembre de 2011
sábado, 19 de noviembre de 2011
Discurso en la Clausura del Programa Inclusive Business Challenge-IBC, del PAD y el Centro Cultural Los Andes
Hay una frase que, en lo personal, resume todo el Programa del IBC del Centro Cultural Los Andes y el PAD-Escuela de Dirección de la Universidad de Piura: “El Perú es un país de muchas oportunidades porque existen muchas necesidades insatisfechas”.
Esta frase, que se la debemos a Miguel Ferré, nos ilustra de lo importante y fundamental que es “empezar a tener una nueva mirada” sobre los negocios, y el accionar de las empresas en nuestro país.
En la lexicografía clásica, los pobres son seres a los que no hay brindarles servicios, porque ellos no tienen la forma cómo poder solventarlos. Son dimensiones donde las necesidades abundan, precisamente por la ausencia de recursos y las capacidades. Si bien la pobreza no es un asunto netamente de ingresos, esta visión y postura responde a una estrecha comprensión sobre el rol de los empresarios en nuestro país, que no es otra cosa que, según lo visto a partir de los distintos casos dictados en el programa, ayudar a solucionar las necesidades de los ciudadanos, haciendo el bien y trayendo beneficios. ¿Qué significa, a ciencia cierta, todo esto?
Significa, en primer lugar, derrumbar el viejo discurso de afirmar que los pobres tienen muchas necesidades porque no tienen y no conocen la manera cómo poder satisfacerlas. Segundo, significa entender que la labor empresarial tiene que enfocarse a los distintos estratos sociales, donde ricos y pobres, conjugados, queramos o no, erigimos un mismo rostro nacional.
De hecho, el Perú es un país con altos índices de desigualdad, baja calidad educativa, densos problemas en la atención de la salud pública, alta conflictividad, etc.. No obstante, somos también un país alegre, de gente diversa, con una historia y cultura milenaria, y con gente que se esfuerza día a día para poder superarse. Esto nos ilustra de cuán trascendental es empezar a sentirnos como “partes de un todo”, donde todos nos necesitamos y que para salir adelante, tenemos que saber unirnos, tenemos que saber identificarnos, viendo en cada quien, oportunidades de integración donde el afecto sea posible así como las oportunidades de negocio, de negocios inclusivos que nos hagan partícipes de un proyecto común.
Un programa como IBC, dirigido a jóvenes universitarios, es una excelente oportunidad para ir hablando de estos temas, con el objetivo de comenzar a tener esa “una nueva mirada”. Tal como hemos podido apreciar, los diferentes profesores que han pasado por aquí nos han demostrado que esto sí es factible. Que las adversidades no tienen por qué sernos un freno, un obstáculo. Por eso, el desafío que nos espera, creo yo, a ustedes y a todos nosotros, es grande pero también esperanzador. Grande porque la realidad con la que nos confrontamos dice muchas veces todo lo contrario. Pero también esperanzador porque en la medida que somos jóvenes, podemos ganarle la batalla y ser luces en esas sombras que opacan nuestras miradas.
Por eso, antes de terminar, y agradecerles por darme la oportunidad, quisiera invitarlos a ese gran proceso. A ese gran proceso que implica un cambio de mentalidad para ser los portavoces de ese nuevo rostro, tan necesario y urgente. Necesario y urgente no solo al nivel del ámbito empresarial, sino también al nivel de las múltiples instituciones que conforman la sociedad civil y el país en su conjunto.
Muchas gracias.
lunes, 10 de octubre de 2011
En la Curva del Diablo
En el bosque inanimado, habitantes extraños susurran como abejas
¡Deben ser piezas ocultas en el libro negro de la historia!
Un perro ojeroso es el mensajero: “el desalojo ha comenzado…”
Un helicóptero sobrevuela el cielo claro
Entre los arbustos, rostros despavoridos corren hacia la montaña agreste
Los disparos han despertado a los tantos hombres que aguardaban la noche[1]…
El Mayor agrupa a sus soldados. Marchan armados de pies a cabeza;
en círculo, son como serpientes enroscadas bajo la penumbra
Una tanqueta recorre el suelo árido; incómoda, da bocanadas hacia la carretera inerme
Los periodistas van filmando los hechos; se esparcen, como brazas, sobre los cuerpos desnudos…
Desorientados entre las ráfagas, los hermanos acorralan a un grupo de policías;
imperdonables, los van silenciando en la pampa…[2]
En la Estación 06, los mensajes de masacre han enfurecido los ánimos
Tantos meses de espera, y las chicharras se esconden entre las raíces…
Un vehículo de emergencias acude rápido al escenario
La turba encendida es incontrolable entre la furia
Destrozan locales y ventanas; queman puertos y vigilancias
¡Aquí no hay orden! Gritan
¿Dónde está la Democracia..?
Al caer la noche, los gallinazos agujerean el espacio gris y exento
Famélicos ciempiés van arrastrando los escombros polvorientos
(Cuando al amanecer, en la lejanía, se oye el anuncio del Presidente: “Señores, así actúan los extremistas, así actúan los radicales financiados por los extranjeros; los que se oponen al desarrollo, al progreso…”)
Luego, una voz casi apagada se deja oír desde el horizonte rojizo:
“Son pocos pero son, son muchos pero son;
pero más de cien los heridos…
¿Victoria? ¡Aquí no hay victoria!
Solo silencio entre lo oculto
¡Solo humanos entre los muertos..!
martes, 4 de octubre de 2011
Necesidades y reconocimiento indígena: los temas pendientes
Shuar Velásquez R.
Tendiendo Puentes
Investigador Wampís-Awajún
El presente gobierno ha mostrado todo su interés para un mayor acercamiento con los Pueblos Indígenas. Una muestra de ello no solo es la Ley de Consulta aprobada sino también el nombramiento de actores claves en ciertos puestos estratégicos. Sin embargo, el mayor peligro de esa buena intención demostrada es su ausencia de propuestas claras respecto al desarrollo económico.
La Ley de Consulta aprobada, si bien es un hecho trascendental en la lucha por el reconocimiento no es un instrumento para generar oportunidades a fin de superar el hambre y el abandono. Hace muchos años, Hegel, el gran filósofo alemán, sostenía que el reconocimiento no era una cortesía si no una necesidad vital para la realización de las personas. Por su parte, en contra posición, su coetáneo Carlos Marx, argumentaba que el trabajo dignificaba al hombre y que este podía ser feliz en la medida que satisfacía sus necesidades materiales.
Para las comunidades indígenas de ahora, el reconocimiento jurídico es un acontecimiento histórico y marca un precedente importante para la reconfiguración de las identidades nacionales. No obstante, critican su ausencia de iniciativas seguras para la inclusión y el disfrute de los recursos: ¿es posible vivir de la Ley de Consulta? Preguntan.
Existen otros ámbitos que evaluar para afirmar que esa ley no busca ayudar las enormes necesidades sino que quizás conlleva a una exclusión aún mayor. Exclusión aún mayor debido a que los Pueblos Indígenas, entre otros requerimientos, no cuentan con profesionales preparados para debatir con el resto de la sociedad y hacerse presentes como siempre ellos han buscado: un desarrollo con identidad cultural y sin obstrucciones.
La salud es un tema prioritario y urgente. No solo para el manejo y el control de las enfermedades comunes, sino también para las nuevas enfermedades como la depresión y el suicidio. Con la Ley de Consulta no buscamos resolver esto como tampoco se busca hacerle frente a la falta de acceso al mercado y la infraestructura. ¿Qué hacer entonces?
Primero, había que pensar en crear un mecanismo especial para dar vida a un fondo indígena, financiado por las distintas empresas existentes en la Amazonía. Ese fondo serviría, entre otras cosas, para proponer un programa de educación destinado a jóvenes indígenas de los distintos pueblos. También, serviría para financiar múltiples proyectos de desarrollo local así como financiar organizaciones indígenas a fin de fortalecerlas y volverlas más efectivas. Necesariamente la salud, la infraestructura y el acceso al mercado serían algunas de las problemáticas atendidas con dicho fondo.
Segundo, en todo este proceso, hay que tener cuidado con las ideologizaciones. Las comunidades indígenas, al hablar del buen vivir, si bien denuncian con eso un pasado y presente oscuro, lo que pretenden en el fondo es un buen vivir con un bienestar digno y saludable. No es posible ser chino del Siglo XXI ni Matsiguenga de nuestros tiempos sin los requerimientos fundamentales cubiertos y satisfechos. Aquí está el gran reto de los propios indígenas y las nuevas generaciones así como del presente gobierno, más allá de las iniciativas legislativas ya consumadas.
jueves, 1 de septiembre de 2011
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13 Reglas para un diálogo productivo con los pueblos indígenas
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